En nuestra cultura occidental, el duelo está asociado a la pérdida de un ser querido, es motivo de dolor, recogimiento y tristeza.
Cierto es que se ha vuelto menos hospitalaria con el sufrimiento psíquico, al punto en que se fijan períodos cada vez más cortos para considerar el proceso como normal.
El tiempo que la persona necesita para elaborar el duelo es decir para procesarlo, es diferente y siempre necesita ser acompañado de una afección receptiva donde se pueda alojar. Hacerle un lugar a la expresión en el silencio, el llanto y la palabra.
El dolor se alivia cuando se puede compartir.
La sensación de vacío, ante la ausencia puede ser más o menos profunda en función del grado de dependencia psíquica con el lazo afectivo y las ilusiones de vida abortadas en esa relación.
–Elaborar el duelo implica un trabajo
-El de aliviar el dolor para reacomodar las piezas de un entorno que se ha
perdido.
-El de componer una nueva perspectiva en la mirada, sin la culpa y el
resentimiento que desgastan la energía vital.
-El darle sentido a la pregunta ¿que hago ahora con mi vida?
Los mecanismos psíquicos de negación, rechazo o anestesia junto a la intención de olvidar pronto y pasar página, pueden jugar inicialmente el papel de protección frente al shock recibido y la evitación consecuente del sufrimiento psíquico.
Identificar la presencia de estos mecanismos inconscientes, en qué medida pueden ser signos de un proceso de duelo patológico es tarea de un profesional de la salud mental.
Psicóloga Norma Ros
Colegiada 17432