El miedo es un arma poderosa, que inhibe la potencia de la acción y el pensamiento.
La pandemia y el encierro fue la ocasión,
de replantearnos el lugar que ocupamos en la empresa para la que trabajamos.
Un tema vital para preservar la salud, puede parecernos imposible: Cambiar el perfil.
“Contaron conmigo para la desescalada.
Dos hacíamos el trabajo de seis.
Dar todo lo que sea… lo haces y punto.
No tengo vida: ¡el ahora es ya!
Voy sudado todo el día.
¡Me esfuerzo tanto!
Me agobio, me agobio el doble.
No me atrevo en el tema laboral.
Me siento mala persona, pero necesito estar solo,
encerrado solo con mis libros y mi música.
Odio a la gente, no quiero ver a nadie, me crea ansiedad.
Se agravó después de la cuarentena.
Peté, no tenía vida.
Ahora que he cogido el Covid, siento culpa por estar de baja.
¡Nunca he pedido nada, ni por asuntos personales!
Siempre subido en el barco del que manda.
¡Como si me fallase a mi mismo!
Estoy agotado, me canso muchísimo.
No puedo irme de un trabajo en el que llevo tantos años.
La facilidad para salir adelante, parece que yo no la tengo.
Los cambios me dan inestabilidad, me muero de miedo.”
El miedo es un arma poderosa, que inhibe la potencia de la acción y el pensamiento.