Tiene más de noventa y está internada en la sala de un hospital público. -¿Dónde están mis zapatos?, pregunta a la enfermera. -¿por qué, abuela,se piensa ir? -No -Y,entonces, para qué los quiere? -¡Los quiero porque si!A veces, el porque sí sostiene la única libertad posible
Si impotencia es orgullo herido que pretende todo,impoder es potencia de lo limitado
En el impoder vive el entusiasmo por lo que aún no se puede pensar.
En el impoder reside el secreto de la potencia clínica .
Cada encuentro clínico termina con un límite(dejamos, por hoy, acá) y una promesa (seguimos la próxima).
El diálogo clínico des-piensa:intenta desprender, poner en entredicho o en narrativa opcional, eso que se piensa en la ilusión que llamamos nosotros mismos.
Diálogo que, por momentos, imita el vértigo del sueño.
“Pensar es arrojar los dados”,escribe Deleuze (1972).
Clínica (si no como experiencia de des-sujeción) como risa que desafía la solemnidad de las figuras que pretenden abolir al azar.
Composición fragmentaría del libro de Marcelo Percia:sujeto fabulado I notas